El origen del belén se atribuye a San Francisco, que en 1223 pidió permiso al Papa para representar la escena del nacimiento de Jesús con personas reales. Una vez obtenido el consentimiento papal, esta iniciativa arraigó en la tradición navideña. A través de la figura del niño, nacido en la pobreza y visitado inicialmente por las personas más humildes (pastores, pobres y gente del campo), San Francisco pretendía enseñar la humildad y la pobreza, unidas a la alegría perfecta, la honestidad y la gracia divina.
El primer belén tuvo lugar en Greccio, un pequeño pueblo de la provincia de Rieti. Este acontecimiento fue tan significativo para la Iglesia y para San Francisco que Giotto lo inmortalizó en la Basílica Superior de Asís, como parte de un ciclo pictórico que narra la vida del Santo.
En Italia, se pueden admirar tres belenes tradicionales especialmente evocadores en distintas ciudades:
- En Nápoles, el “Belén del Rey” del Palacio Real, albergado en la Capilla Palatina del Banco de Nápoles, está considerado uno de los mejores ejemplos del arte del belén. Las estatuillas, entre las que destaca la obra de Giuseppe Sammartino, autor del famoso Cristo Velado de la Capilla Sansevero, contribuyen a hacer extraordinaria esta representación.
- En Roma, en la Iglesia de los Santos Cosme y Damián, se encuentra un impresionante belén napolitano del siglo XVIII. La ubicación entre ruinas antiguas, cerca del corazón de la Roma imperial, y la atención al detalle de las numerosas figuras contribuyen a que la escena resulte fascinante y evocadora.
- En Imperia, un museo está enteramente dedicado a un belén del siglo XVIII creado por el artista genovés Anton Maria Maragliano. Esta obra, compuesta por más de 100 estatuillas vestidas de época, representa con detalle la moda y el estilo de vida de la gente del siglo XVIII. Maragliano, aunque genovés, parece haberse inspirado en el belén napolitano para la creación de esta evocadora representación.






